Esperanza de la Torre | Mi historia
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MI HISTORIA

Acababa de empezar el año 2009. Recién me había incorporado a un puesto como funcionaria de carrera del Estado y había comenzado una relación con un chico maravilloso.

∴¿QUÉ MÁS SE LE PODÍA PEDIR A LA VIDA?∴

Tenía un trabajo con un horario fantástico y con la seguridad que da ser funcionaria, y más en aquellos tiempos de crisis. Ambas cualidades les habían faltado a todos mis anteriores trabajos. Además, hacía años que no comenzaba una relación sentimental que tuviera visos de ser duradera. Mi vida no era ni mucho menos perfecta, pero parecía que apuntaba maneras para poder ir por un camino cada vez más fácil, parecía que subir la montaña cargada hasta arriba iba a pasar a la historia. Nada más lejos de la realidad.

∴ La enfermedad toca a mi puerta

Estaba en plena juventud y las palabras pronunciadas por un señor de bata blanca -“tienes una enfermedad autoinmune y sistemática”- se me quedaron grabadas a fuego en todo mi ser. Así empezó una historia muy larga que me ha llevado a lo que soy hoy: Coach de salud y bienestar integral.

Antes de cumplir los 30, no había reparado en mi salud. Consideraba que no era mala, pero en realidad no se podía decir que fuera fantástica. Siempre había sido una persona muy activa, que no paraba quieta, que adoraba el deporte y la actividad física. Desde los 20 años había empezado a padecer cólicos biliares cada dos meses, catarros y gripes todos los inviernos, y unas menstruaciones cada vez más molestas y dolorosas. A eso también le sumaba unos incómodos kilos de más que iban incorporándose a mi silueta cada año y que no era capaz de hacer desaparecer. Pensaba que el hacerse mayor traía consigo todos esos “problemillas”. Sin embargo, la cosa no mejoró, todo lo contrario, un día una infección por el virus Eipstein-barr, junto con una pielonefritis (infección en un riñón), desencadenaron que la enfermedad tocara a la puerta para quedarse. Mi vida se puso patas arriba.

∴ Vivir con la enfermedad

Cuando fui diagnosticada con síndrome de Sjögren, los médicos me hicieron todas las pruebas pertinentes para el diagnóstico y para ver si la enfermedad había afectado a algún otro órgano. Me dijeron que, para muchos de los molestos síntomas que tenía, no podían hacer nada. Seguiría con mi cansancio extremo, con todas las mucosas secas (tanto que las lágrimas artificiales no me aliviaban lo más mínimo), con un sistema inmune debilitado que propiciaría todo tipo de infecciones (cosa que efectivamente experimenté) y mil cosas más (síndrome de Raynaud; erupciones por todo mi cuerpo; dedos, manos y pies hinchados; hepatitis autoinmune; más de medio año con casi 38º todos los días, etc.). Todo dentro de la normalidad dada mi enfermedad. Lo único que podían hacer era mitigar un poco los dolores que tenía por todo el cuerpo (musculares y óseos) y para ello empecé a tomar corticoides. La idea era conseguir que no me despertara por las noches de los dolores y poder estar sin ellos durante el día. Y mientras, tenía que esperar que la medicación definitiva hiciera efecto. Esa medicación era tan fuerte que me podía afectar a la visión dejándome incluso ciega. Por ello me tenían que hacer pruebas exhaustivas varias veces al año. Un día, esperando a que me llamaran para pasarme una hora con aparatos que nunca antes en mi vida había visto, me puse a pensar: “aquí estoy esperando a que me atiendan porque, para evitar los dolores que tengo por la enfermedad, me puedo quedar ciega. ¿Tener dolores o quedarme ciega?  Parece que hay que elegir entre una de esas dos cosas. Qué absurdo ¿no?”. Este fue mi punto de inflexión, mi “basta ya”. Y fue ahí cuando me di cuenta de que quizá tenía que hacer algo al respecto porque no estaba dispuesta a quedarme ciega por tomarme unas pastillas que ni siquiera eran capaces de mitigar los dolores. Fue cuando me puse manos a la obra.

∴ No aguanto más

Empecé a leer toda la información que caía en mis manos sobre enfermedades autoinmunes. Poco a poco fui ampliando esas lecturas al ámbito de la alimentación y de la salud general. Cuando me quise dar cuenta, habían pasado los años y yo había cambiado al completo: mi alimentación, mi forma de ver la vida, mis inquietudes… El siguiente paso fue formarme oficialmente porque, extra-oficialmente, había leído tanto y había puesto en práctica tantas cosas que me sentía con fuerzas para ayudar a otros. Así fue como di el paso y me matriculé en el Institute for Integrative Nutrition (IIN) ubicado en Nueva York, la escuela de nutrición más importante del mundo. Durante mi formación en el IIN estudié más de 100 teorías dietéticas de la mano de expertos de renombre como Deepak Chopra, el Dr. Andrew Weil, David Wolfe, el Dr. William Davis, el Dr. Mark Hyman, el Dr. Walter Millet, el Dr. David Katz, Barry Sears, Paul Pitchford, Joel Fuhrman y muchos otros. Además, me he formado como Life Coach, con el método Life Management, de la mano de Gloria Méndez, haciendo cursos para poder disponer de muchos más recursos para ayudar a mis clientes.

∴ ¿Qué pasó al final?

En la actualidad no tomo ninguna medicación, ni siquiera por mi enfermedad. Los cambios que empecé a llevar a cabo hace años me permitieron recuperar mi vida. Los kilitos de más desaparecieron (de hecho nunca había estado tan bien de peso), pero lo mejor es que ya no me levanto con dolores ni con cansancio. He conseguido eliminar el calvario de una menstruación cada vez más infernal, y de aliviar mi sequedad sin tener que echarme a todas horas lágrimas artificiales o sueros autólogos. Y, lo mejor de todo, he recuperado el control de mi vida, y la seguridad de que soy yo quien puede cambiarla. Todavía queda camino por hacer, pero la vida es eso, un camino de aprendizaje continuo. Lo que importa es saber que en las manos de cada uno de nosotros está el hacer de su vida lo que desea de ella.

Y ahora ésta soy yo, una persona que prácticamente nada tiene que ver con aquella a la que le diagnosticaron una enfermedad. He cambiado mi vida porque siento que para eso estoy aquí, para ayudar a que la gente alcance una salud integral, tanto a aquellas que tienen una enfermedad que están viviendo una vida de desesperanza, o aquellos que gozan de salud, pero no se sienten plenos o al 100%.

∴ Recuerda, esto es importante

Contando mi historia no pretendo que la gente que tenga un problema de salud deje su medicación ni de consultar a sus médicos en todo momento. Simplemente estoy intentando compartir mi experiencia y un hecho que para mí marcó la diferencia: la salud es el tesoro más grande que tenemos y podemos hacer por ella mucho más de lo que creemos. ¿Quieres quererte y sentirte plena? Ten confianza porque en tus manos está, y yo te puedo ayudar.

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