Esperanza de la Torre | Qué es una enfermedad autoinmune, causas y diagnóstico
Con este artículo quiero mostrarte qué es una enfermedad autoinmune, cuáles son sus causas, la sintomatología y su diagnóstico.
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Enfermedad autoinmune

¿Qué es una enfermedad autoinmune? Causas, sintomatología y diagnóstico

“Puff, ¡qué dolor, dios mío! No puede ser que tenga otro cólico.” Estas palabras marcaron un antes y un después en mi vida. Esa tarde de mayo pensaba que estaba teniendo otro cólico biliar, pero resultó ser algo mucho más serio: una infección en uno de mis riñones. Mi vida en cuestión de horas experimentó un giro de 180º del que no era consciente. Nunca volví a ser la misma… Una enfermedad autoinmune tocaba a mi puerta.

QUÉ ES UNA ENFERMEDAD AUTOINMUNE

Hay muchos tipos de enfermedades autoinmunes. Algunas más limitantes que otras, pero todas son una auténtica faena, por decirlo finamente. Independientemente de lo que suponen para cada persona, en todos los casos lo que ocurre es que el cuerpo se ataca así mismo. Vamos, que nuestro enemigo es nuestro cuerpo, es decir, nosotras mismas.

Deja que te explique un poco mejor para que entiendas cómo puede ocurrir este sin sentido. Verás, nuestro sistema inmunológico es una red compleja de estructuras y procesos biológicos que defienden al cuerpo de agresiones externas de naturaleza biológica (patógeno), físico-química (contaminantes, radiaciones) o de agresiones internas (células cancerosas).

Enfermedad autoinmune

Cuando el sistema inmunológico de nuestro cuerpo detecta elementos dañinos produce unas sustancias llamadas anticuerpos con la intención de eliminar esos invasores y de que nuestro cuerpo recupere su equilibrio. Estos elementos dañinos que aparecen en el organismo son los antígenos.

Dicho con palabras sencillas, nuestro sistema inmunológico es como un ejército compuesto por distintos tipos de soldados que se encargan de eliminar cualquier amenaza que pueda causar daño alguno en nuestro organismo: un catarro, una astilla clavada, un hueso roto, un alimento en mal estado, etc. Nuestro sistema inmunológico se encarga de todo ello. Esto significa que nuestro sistema inmune tiene la capacidad para diferenciar entre lo que es propio y lo que es ajeno.

Sin embargo, cuando esta capacidad para diferenciar entre lo que es nuestro y lo que no lo es se ve alterada, es cuando aparece la enfermedad autoinmune. Por tanto, es en estos casos cuando el anticuerpo (la sustancia que se ha creado al detectar algo dañino) ataca las células normales por error. Como consecuencia de todo esto se produce un ataque al organismo que no debería tener lugar, un ataque erróneo. Es lo que conocemos como enfermedad autoinmune.

 

CAUSAS DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES

enfermedad autoinmune

Como con casi todas las enfermedades hoy en día, no existen datos fehacientes de la causa o las causas que determinan por qué una persona desarrolla una patología de este tipo. Se han llegado a algunas conclusiones como que las enfermedades autoinmunes son hereditarias, que afectan más a las mujeres que a los hombres y que determinadas etnias tienen mayor predisposición a padecerlas. Realmente no son buenas pistas, así que nadie está libre de padecerlas.

 

SINTOMATOLOGÍA DE LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES

Como te comentaba en el post Por qué un détox puede ayudarte con tu enfermedad autoinmune, las personas con este tipo de enfermedades autoinmunes, sea del tipo que sea, tienen algo en común: una respuesta inmunológica arrolladora, llamada inflamación sistemática, que inevitablemente resulta en que el cuerpo ataca a sus propios tejidos. Además, sabemos que esta inflamación es crónica, es decir, que, cuando aparece, es para quedarse. Sin embargo, a pesar de esta característica común en todas y cada una de las enfermedades autoinmunes, la sintomatología que presentan es muy diferente.

Una persona con una enfermedad autoinmune puede presentar fuertes dolores de estómago en forma de cólicos que desembocan en fuertes diarreas. Otras personas tienen ampollas por toda la piel que les pican una barbaridad. Cansancio extremo cada día, dolor óseo, dolor muscular, deformación de las articulaciones, pérdida de peso, caída del cabello, úlceras bucales, infertilidad, abortos de recurrencia, estreñimiento constante, visión borrosa, entumecimiento en los pies, necesidad de orinar con mucha frecuencia, vómitos, inflamación y dolor ocular, inflamación de las venas, encías sangrantes, temblor en las manos, debilidad y problemas con la coordinación, el equilibrio, el habla y el andar, sensibilidad al sol, fiebre sin causa aparente… ¡¡la lista es interminable!! Y, como puedes observar, cualquier órgano, cualquier parte del cuerpo de una persona puede sufrir las consecuencias de una enfermedad así.

Y, como resultado de esta infinita lista de síntomas, recibir un diagnóstico supone un peregrinaje agotador y desesperante por decenas de médicos y especialistas. Esto requiere una enorme paciencia por parte del enfermo porque, además, en muchas ocasiones, estos síntomas ni siquiera se tienen en cuenta como una posible enfermedad, sino más bien como un problema de índole emocional o como una forma de llamar la atención. Como es lógico, en la mayoría de los casos, el bienestar emocional de esa persona, tu bienestar emocional, es cuando empieza a verse todavía más afectado. ¿Por qué? Pues porque, por un lado, te encuentras fatal físicamente; por otro, no entiendes qué es lo que le está pasando a tu cuerpo; y, además, ves incrédula cómo nadie pone remedio a tu problema.

 

DIAGNÓSTICO

Sin embargo, aunque a los médicos les resulte difícil darte un diagnóstico porque acudes a la consulta con una sintomatología tan dispar, tarde o temprano, tras la realización de diferentes pruebas, te informan de cuál es tu problema de salud.

Una de esas pruebas es una analítica de sangre, en la que te detectan unos marcadores en unos niveles totalmente alterados, es decir, fuera de lo que se considera el rango saludable. Estos marcadores, que van desde anticuerpos, hasta proteínas, pasando por ácido úrico, niveles de azúcar en sangre, enzimas, plaquetas, etc. Todos ellos son los que dejan claro que hay una inflamación en el organismo como consecuencia de que quien debería defenderte frente a agentes externos ha dejado de funcionar correctamente y está atacando a tejidos y a órganos que no tendrían por qué estar siendo atacados.

Y tener un diagnóstico es, en parte, muy liberador porque ya puedes ponerle una etiqueta a lo que te está pasando. Y la gran mayoría de las personas somos muy dadas a poner etiquetas a todo. Poder llamar a las cosas por su nombre da cierta sensación de control, cierta tranquilidad, sobre todo después de una búsqueda tan larga.

Ahora bien, ¿es acaso la solución a tu problema? Desgraciadamente no. Después del diagnóstico tienes por delante otra carrera, esta vez para luchar contra los síntomas, luchar contra todo aquello que ha puesto tu vida patas arriba, luchar contra todo aquello que te produce dolor, vergüenza, rechazo, hartazgo… Y entonces sí que sí te tienes que llenar de unas fuerzas que parece que desaparecieron hace mucho. Pero recuperar esas fuerzas es posible, y es que puedes hacer mucho más por tu salud de lo que te imaginas. En tus manos está el empezar a dar pequeños pasos que hagan de tu mañana algo mucho mejor que tu ahora.

Un abrazo grande,

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