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Porqué no te interesa ser positiva cuando tienes una enfermedad autoinmune





El otro día en Instagram hice una publicación que causó interés y originó ciertas preguntas. Fui a crear otra publicación para aclarar aspectos importantes sobre cuestiones que habían surgido, pero vi que se alargaba mucho para esa red social, así que decidí escribir un post (que, por cierto, hace muchos meses que no escribía). Si no sabes de qué publicación te hablo, aquí te la comparto (pincha y la podrás leer):


Positiva vs. Constructiva

Antes de seguir, lo primero es aclarar un par de conceptos que son importantes para poder entender de qué va esto de no ser positiva y sí, constructiva.


Positiva es ser optimista, una persona que se inclina a ver el aspecto favorable de las cosas. Más o menos esto es lo que te encuentras si buscas este término en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Por su parte, constructivo es que construye o que sirve para construir, por oposición a lo que destruye.

Cuando hablamos de ser positivo estamos hablando de cómo vivo lo que vivo, es decir, el hecho de tener una enfermedad autoinmune lo vivo de esta forma concreta: viendo el lado positivo, inclinándome hacia su aspecto favorable. Nos focalizamos en la forma, en el cómo vivo lo que vivo; y me quedo ahí.

Sin embargo, cuando uno habla de ser constructivo, habla de qué hago con el qué; o dicho con otras palabras, qué hago con lo que me ha tocado, qué hago con lo que estoy viviendo, qué hago con esta autoinmune o con éstas autoinmunes.

¿Negatividad o realismo?

Con el cómo, es decir, con el ser positiva me quedo en intentar vivir lo que me ha tocado con optimismo; y, si estás en medio de una autoinmune o de varias, como fue mi caso, esto no se mantiene todos los días. Hay días que es totalmente imposible ser positiva, y te pasas a una de las dos alternativas:

  • En el “mejor” de los casos, al realismo.

  • En el “peor” de los casos, a la negatividad.

Yo era de las que decía que no era negativa, sino realista. No es que me inclinara hacia el lado desfavorable de la situación, es que la situación era la que era (aquí te cuento mi historia por si no la conoces), y no tener en cuenta todo eso era negar la verdad, la realidad.


A mí esto de sentirme realista y no negativa frente a los comentarios de los demás me dejaba bastante más en paz; durante unos segundos... Porque sabía, por los posteriores comentarios, que la gente veía el realismo como un eufemismo de la negatividad.

Independientemente de que el realismo sea un eufemismo, una forma indirecta de hablar de negatividad, volvemos a la misma situación que cuando una es positiva: se queda en el cómo está viviendo lo que está viviendo.





¿Qué ocurre cuando soy negativa, realista o positiva?

Y, si te paras a pensar, tanto si eres realista, como si eres negativa o, incluso (aunque parezca que no), positiva, al final, lo que te encuentras es con que hay una resignación.

Y resignarse es uno de los aspectos que una persona no puede dar cabida en su proceso de sanación. Porque la resignación te lleva a la pasividad. Cuando me resigno, es como si dijera: “esto me ocurre y no puedo hacer nada; es lo que hay, y punto”

Y, claro, cuando te resignas a que eso es lo que hay, pues, no podemos evitar que surja dolor y sufrimiento, pero no del que la autoinmune trae ya “de serie”. Aquí es donde aparece el dolor y el sufrimiento que no son físicos, y que parecen inevitablemente acompañar a la enfermedad.

Lo que hace que la enfermedad suponga lo que supone es que trae consigo unos síntomas y signos, es decir, unas manifestaciones físicas que, en la gran mayoría de los casos, causan dolor, malestar, incomodidad, indisposición, molestias… Pero la cosa no se queda ahí.


Cuando a una persona le diagnostican una enfermedad crónica, hay que añadirle otro tipo de dolor y sufrimiento que no es físico, sino que es un dolor emocional. Y clave para entender este sufrimiento viene de este aspecto tan importante de la resignación, de la desilusión, de la desesperanza.

La resignación es a la aceptación, lo que positivo es a constructivo

La resignación no tiene nada que ver con la aceptación que necesita un proceso como en el que te encuentras.

Cuando acepto lo que estoy viviendo, me abro a lo que estoy viviendo y, entonces, todos los caminos son posibles. Cuando me resigno, lo que estoy haciendo realmente es negar que pueda hacer algo por aquello que me ha tocado vivir. Y, al hacer esto, desfallecen las fuerzas para que yo encuentre un camino, una posibilidad.


Y la aceptación es muy poderosa. En la aceptación hay una rendición. ¿A qué me rindo? Me rindo a que eso me está pasando, a que es una verdad, a esto que la vida me ha puesto por delante, a que soy la protagonista de esta historia, me guste o no. Sí, me rindo a todo eso, y entonces mi energía no se invierte más en aquello que se escapa de mis posibilidades.

No puedo cambiar lo que ahora está siendo. Sin embargo, que no te engañe esto. Porque la idea, cuando yo dejo de malgastar la escasa energía que tengo en aceptar que no puedo cambiar lo que ahora está siendo, me permite invertirla en qué hago para cambiar lo que mañana será. Aquí la pasividad propia de la resignación desaparece por completo.

De víctima a protagonista

Y, entonces, pasa algo maravilloso, y es que aparece una posibilidad renovada. Una posibilidad de que todo eso que tuvo lugar el día que te confirmaron tu patología empiece nuevamente a transformarse.


Porque el día que te confirman el diagnóstico de tu enfermedad autoinmune ocurren muchas cosas de las que, en verdad, no somos conscientes; y que son sumamente poderosas por lo que representan a un nivel simbólico:


1) Te dan un diagnóstico. Esto simbólicamente supone que te ponen una etiqueta de enferma de una patología crónica; con todo lo que eso significa.


2) Pasas a ser de persona a paciente. Esto implica que el poder sobre lo que te ocurre pasa a estar en manos de los médicos.

3) Te conviertes en víctima de las circunstancias que estás viviendo; y eso te termina quitando el poco poder que te quedaba.


Sin embargo, esto puede cambiar cuando descubro que puedo hacer algo; descubro que puedo construir; descubro que, desde esa rendición, la acción y el movimiento son posibles. Y, como consecuencia, dejo atrás la etiqueta de la enfermedad , el papel de paciente y el de víctima.

Descubro la jaula en la que me hallo; pero también que la puerta que me impide la salida, en realidad, solo está cerrada, pero no bloqueada, y que yo la puedo abrir. Sin embargo, lo más importante que descubro, cuando paso de ser positiva a ser constructiva, es que la enfermedad demanda movimiento.


De hecho, eso es lo que “esconde”. La enfermedad nos llama a la acción a través de los distintos síntomas que experimentamos en nuestro cuerpo, nos pide que construyamos una realidad diferente porque, por algún motivo, la que tenemos no es la que nos interesa de verdad. La enfermedad nos lleva a cuestionarnos el sentido profundo de lo que estoy viviendo, de lo que estoy experimentando, y para eso tengo que ponerme en movimiento y construir.


Un abrazo,


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