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¿Qué representa la energía en tu enfermedad autoinmune?

Que tengas una enfermedad autoinmune está estrechamente relacionado con tu energía. Sin embargo, el artículo de hoy no va de que emitas buena o mala energía y que, como consecuencia, atraes lo que eres; o de cómo afecta a tu organismo y, por tanto, a tu salud, el hecho de que recibas una buena o una mala noticia; ni cosas de este estilo. Lo que hoy quiero compartir contigo es algo que va más allá de ese concepto un tanto manido de la energía, y del poder que tiene sobre tu enfermedad autoinmune. Si me dejas unos minutos, te lo cuento.


Puedes leer este post mientras te tomas algo; o puedes escucharlo aquí, y mirar el cielo. Tú eliges ;-)

EL PRINCIPIO DE TODO

Fuera de cualquier definición preestablecida que pudiera darte sobre la energía vital, tienes que tener en cuenta que, antes que un cuerpo físico, somos eso, energía. De hecho, cualquier objeto es energía antes que materia. Eso incluye a los seres humanos.


Y esto no es que lo digo yo o lo sientas tú como verdad. La física contemporánea nos asegura que materia y energía son una misma cosa que se manifiesta de distinta manera. Incluso, cuando hablamos de los distintos estados de la materia (sólido, líquido y gaseoso), en realidad, deberíamos hablar de diferentes grados de energía vibratoria.


Dicho en palabras más sencillas: que delante tengamos hielo y no agua es porque la frecuencia en que vibran los átomos que componen el bloque de hielo y los átomos que componen el charco de agua han vibrado y vibran de modo distinto. Eso es lo que hace que el hielo sea hielo, y no agua ni vapor.


Por tanto, la primera idea que tienes que tener clara es que somos energía. Nuestro cuerpo físico es energía que vibra de modo tal que se manifiesta de la manera que conocemos.


Como consecuencia de esta primera afirmación, podemos llegar a la conclusión de que el cuerpo humano es a la vez un sistema físico y un sistema energético, es decir, que nuestro cuerpo lo conforman más aspectos que la suma de los órganos, los tejidos, las células y el ADN que hay en él.

ENERGÍA Y CUERPO

Ya tenemos claro que somos energía porque la materia es energía. Y, si la materia es energía, significa que nuestro cuerpo está formado por un campo energético. De hecho, ese campo es un campo electromagnético que abarca el espacio que ocupan los brazos extendidos y todo el largo del cuerpo, y que tiene una doble función: emitir información, campo magnético; y recibir información, campo eléctrico.



Así que, desde el momento en que hay el más mínimo cambio de energía, éste afecta inmediatamente al campo físico, es decir, a nuestra anatomía. Esto lo vemos claramente cuando una persona recibe una buena noticia (ha aprobado las oposiciones que lleva años preparándose) o una mala noticia (un ser querido ha tenido un accidente grave).


El campo electromagnético de una persona recibe esta información y, como consecuencia, su frecuencia vibratoria cambia por completo, su energía se transforma. De hecho, muchas veces le decimos a alguien “madre mía, te ha cambiado la energía por completo”; y es que literalmente le ha cambiado su frecuencia vibratoria.


Y esto que se ve claramente en su semblante y en la forma de reaccionar, también tiene su repercusión de manera interna. El efecto energético de lo que esa persona ha sentido y ha pensado ha transformado esa información en sustancias químicas que viajan por el torrente sanguíneo para informar a las distintas células del cuerpo de que se avecinan buenos o malos tiempos, según sea el caso.


Pero estoy prácticamente segura de que esto ya lo conocías. Una mala noticia puede producir una subida de tensión, un ataque al corazón, un desmayo, etc. Incluso los médicos no van a discutir con nadie el efecto del estrés en la salud. Sin embargo, ¿qué pasa cuando hablamos de las causas de las enfermedades autoinmunes?


ENERGÍA Y ENFERMEDADES AUTOINMUNES

Sabemos que nuestro cuerpo físico es energía porque la materia es energía. Esa energía que circula por nuestro cuerpo, como también circula la sangre, la linfa y los impulsos nerviosos, vibra de una manera determinada. De hecho, cada órgano del cuerpo vibra de una forma en particular; lo que quiere decir que cada órgano tiene su propia frecuencia vibratoria.


Entonces, si un órgano no funciona adecuadamente, probablemente se deba a que su frecuencia vibratoria ha cambiado. La forma en que ese órgano vibra es tal que puede afectar a la salud de una persona. Ahora bien ¿puede esta frecuencia vibratoria causar una enfermedad autoinmune?


Hoy por hoy la medicina alopática va a darte un rotundo no a modo de respuesta. Sin embargo, este no no debería ser tan rotundo. Porque, si los distintos estados de la materia son resultado de los distintos grados de energía vibratoria, y nosotros somos también energía ¿cómo puede ser que no tenga dada que ver nuestra frecuencia vibratoria con el estado de nuestra materia?


Nuestra materia es nuestro cuerpo físico, y las leyes de la física se aplican a nosotros, queramos o no. No estamos exentos de la gravedad, de la inercia, ni de otros muchos fenómenos que la física ha enunciado a través de cientos de leyes. Entonces ¿por qué no es posible el hecho de que la frecuencia vibratoria de nuestro organismo pueda cambiar hasta el punto de que es patrón de vibración cause una enfermedad?


RETICENCIAS DE LA MEDICINA ALOPÁTICA

Aunque se hayan hecho grandes avances en aceptar la influencia de la energía en el estado físico de una persona, y que no se relegue a algo de chamanes, brujos y otras culturas aparentemente menos desarrolladas que la occidental, durante mucho tiempo no fue así.


Y, pese a que en la actualidad la medicina alopática acepta y reconoce que efectivamente nuestro cuerpo es un sistema formado por partes visibles y no visibles, y no solo por materia física, no le reconoce el papel fundamental que juega en la aparición de enfermedades, entre ellas las autoinmunes y, por supuesto, no la tiene en cuenta a la hora de practicar la medicina y tratar a un paciente.


El marco científico en el que, hoy por hoy, se trata la enfermedad la limita al plano funcional. Como resultado la medicina convencional ha llegado a un nivel de especialización tal que ha perdido de vista el fondo del asunto; ha perdido de vista el aspecto humano y todo lo que lo conforma (lo que se ve y lo que no se ve).


Sin embargo, responder solo a criterios de funcionalidad y eficacia no nos va a ayudar a solucionar una enfermedad autoinmune, ni de ningún tipo; hecho que se demuestra con las miles de enfermedades crónicas sin cura alguna existentes en la actualidad.


Desgraciadamente, las pruebas y los exámenes que puede realizar cualquier médico a día de hoy no son capaces de mostrar ningún resultado que evidencie que, antes de que el cuerpo presente una enfermedad, existen distintos indicadores de energía que nos hacen saber que estamos perdiendo vitalidad; indicadores que, a su vez, se reflejan en el cuerpo a través de problemas menores de salud.


Estas pruebas y estos exámenes a día de hoy no pueden identificar que alguien está experimentando algo en un plano no físico que afecta al plano físico hasta el punto de que más delante le pueda causar una enfermedad autoinmune. Pero ¿porque no se pueda demostrar aún significa que no existe?


La medicina alopática se ha centrado en sistemas más sencillo porque la energía es demasiado dinámica. Se mueve y se transforma constantemente. Y se desconocen aún las razones de sus miles de cambios. Con la energía no se pueden hacer estadísticas fiables, no existen relaciones de uno a uno, ni correlaciones sencillas que demuestren la estrecha e íntima conexión existente entre la energía y la enfermedad.


Cualquier físico puede asegurar que la energía se puede ver, escuchar, sentir, medir e, incluso, fotografiar. Por tanto, si nuestro campo energético contiene y refleja la energía de la persona, y esta energía, que es generada por nuestras experiencias interiores y exteriores, tanto positivas como negativas, influye en el tejido físico interno del cuerpo ¿cómo es que no se tiene en cuenta a la hora de tratar una enfermedad autoinmune?


Desgraciadamente, no solo en el ámbito médico se da este rechazo. Son muchas las personas que no ven la importancia de la energía vital. Quizá el hecho de que este concepto no se ha comprendido del todo en nuestra cultura haya tenido como resultado que, en la actualidad, este término está un tanto manido y carece de interés.


Concepto manido porque lo hemos usado erróneamente, la mayoría de las ocasiones, para referirnos solo a una parte de la totalidad que engloba el concepto de energía vital. Es como estar delante de una estrella y no ver la galaxia que la rodea; como estar delante de la Gioconda y que solo te dejen ver la esquina superior derecha; como tener un edificio ardiendo y solo extinguir el fuego del primer piso. La energía es un reflejo (o tal vez el origen) de la complejidad del ser humano y del universo que lo conforma.


Tu cuerpo es la unión entre el mundo visible y el invisible. Si el plano corporal, es decir, si tu cuerpo presenta síntomas como son los de una enfermedad autoinmune, significa que hay algo más allá en el plano no físico que te conforma a lo que no estás prestando atención. Es hora de cambiar el foco y mirar donde está la solución. Y el primer paso que puedes dar es empezar a considerar todo el cuerpo en términos de energía. Gestionar tu propia energía es la manera más sencilla de curarte a ti misma porque partes del lugar donde surge la distorsión, tú.


Un abrazo,






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2 comentarios
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