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Cuando tienes una enfermedad autoinmune, no encontrarás el problema (ni la solución) en el cuerpo







En el último post, Tus síntomas y los secretos que traen para ti, te contaba que uno de los grandes problemas con los que nos encontramos en la actualidad a la hora de curar una enfermedad es que lo que se busca es eliminar los síntomas, pero que no se podía curar la enfermedad en sí porque se desconocen las causas de la gran mayoría de estas enfermedades.

Por otro lado, te adelantaba que hoy profundizaríamos en uno de los aspectos claves para poder transformar tu autoinmune, y es que el problema de las enfermedades no se resuelve eliminando el síntoma, sino transmutando la enfermedad.




A lo largo de los últimos posts (¿Qué son las enfermedades autoinmunes realmente? y Tus síntomas y los secretos que traen para ti) hemos ido introduciendo una serie de conceptos que te van a facilitar entender lo que se expone a continuación. Así que, si no has podido leer los anteriores artículos, te recomiendo que les eches un vistazo para poder hacer una idea clara de cuál es el origen de tu proceso autoinmune, qué es lo que está pasando exactamente con todos esos síntomas y qué puedes hacer tú al respecto.



EL CUERPO ENFERMO

Cuando te diagnostican una enfermedad crónica, sea autoinmune o no, recibes una sentencia: tu cuerpo está enfermo y lo estará durante mucho tiempo; de otra suerte, para siempre. Aunque realmente tú, antes de que le pongan un nombre a lo que te está pasando, ya sabes que algo no está yendo bien.


Y la verdad es que tú no necesitas que nadie te diga que efectivamente algo no va bien. Tú ya lo sabes porque tu cuerpo ha empezado a experimentar dolor, molestias, incomodidad… “cosas raras” para ti, es decir, todo tipo de manifestaciones que no se corresponden con los de una persona sana.

Pero recibes un diagnóstico, le dan nombre a eso que no anda bien en tu cuerpo y, entonces, el siguiente paso es encontrar solución. El médico empieza a tratar tus síntomas, pero nada más se puede hacer. La medicina no tiene solución a tu problema porque desconoce cuáles son las causas que han llevado a que tu cuerpo empiece a funcionar de esa manera.

Los cientos de estudios y de investigaciones que se han realizados no han arrojado luz sobre las causas concretas de las distintas enfermedades autoinmunes y sobre las que llevan a que el sistema inmunitario de una persona empieza a considerar como enemigo lo que no lo es. Como veíamos en el artículo La verdad de por qué la medicina no puede curar las enfermedades autoinmunes, se tienen algunas ideas, pero no claridad absoluta.

EL LUGAR EQUIVOCADO

Y claro, algunos pueden pensar que, teniendo en cuenta los gigantescos avances que se han logrado a lo largo del último siglo, cómo puede ser que no se haya encontrado la causa que origina que el sistema inmune de una persona se vuelva contra ella. Se puede ir a Marte y comunicarnos con esa persona, pero no podemos conocer qué es lo que causa que alguien enferme de esa manera.

Otros te dirán que el cuerpo humano es de una máquina tan compleja que aún, a día de hoy, hay millones de procesos y acciones que se escapan a nuestra comprensión y, por tanto, a nuestro conocimiento; que es normal que estemos como estamos en lo que se refiere al cada vez mayor número de enfermedades crónicas existentes en la actualidad.

Sin embargo, uno de los motivos de que ésta sea la situación en la que nos encontramos es porque se está buscando en el lugar equivocado. Si necesitas comprar una bombilla porque se ha fundido la que tienes, no vas a buscarla a una floristería. Hay miles de tiendas en las que podrás encontrar la bombilla, pero la floristería no es una de ellas. Y, en lo que se refiere a las enfermedades, estamos en la misma situación.


Si consideras que vas a encontrar en el cuerpo la causa que lleva a que funcione de la forma en que está funcionando, estás bastante desencaminado porque la enfermedad no tiene su origen en el cuerpo. Este es el motivo que hace que las enfermedades autoinmunes sean incurables de cara a la medicina, buscan donde no pueden encontrar.

LA CAUSA DE TODAS LAS CAUSAS

Cuando empecé a investigar sobre las causas de que tuviera síndrome de Sjögren y hepatitis autoinmune (por si no la conoces aquí te cuento mi historia), pensé que lo primero que tenía que conocer era el problema exacto que tenía. Yo quería responder la pregunta que me hacía constantemente y que nadie me había sabido responder: ¿Qué es lo que verdaderamente me está causando estas enfermedades?

Si te duele el pie, tienes que saber si tienes un esguince, una contusión o si te has roto el tobillo. Porque, dependiendo de cuál es la causa del dolor y de la inflamación, lo solucionas de una forma u otra. Y es que no es lo mismo el cuidado que necesita un tobillo torcido que un hueso roto.


Así que la idea era averiguar la causa para ponerle solución. Si no conocía la causa, estaría dando palos ciego. Para ello me rodeé de libros y publicaciones médicas y me puse a investigar sobre todo lo que se sabía de las enfermedades autoinmunes. Cada paso que daba me llevaba a una parte más pequeña del cuerpo.


Había empezado por un sistema (mi sistema inmune, mi sistema musculo-esquelético...), que me habían llevado a los distintos órganos (mi hígado, mis ojos, mi boca, mi piel, mi vesícula, mi estómago…); había continuado por mis células (anticuerpos, enzimas...); que a su vez me habían llevado mis genes, a la forma en que se expresaban esos genes, a mi ADN… cada vez adentrándome más y más en mi cuerpo físico.


Llegó un momento en que tuve la sensación de que me iba a quedar sin cuerpo físico al que recurrir. Y es que en parte, la cosa iba por ese camino. Porque, según profundizaba en el cuerpo, también iba prestando atención a la energía y al papel tan fundamental que jugaba en la salud de las personas (en este post, Qué representa tu energía en tu enfermedad autoinmune, te hablaba ya sobre ello).


Leer sobre física cuántica me había proporcionado la confirmación de que antes que un cuerpo físico somos energía. Y que la ciencia tuviera dicha certeza hacía cuestionarme muchísimas cosas sobre mi percepción de la enfermedad y de la salud.


Así que quedarme en el cuerpo físico, como estaba haciendo la medicina, era fracasar tan estrepitosamente como había fracasado ella a la hora de solucionar las enfermedades crónicas. Por tanto, no me quedaba otra que ir a la causa anterior, a la causa de la causa. El original, por llamarlo de alguna manera, constituía para mí la causa primaria y la más sutil que estaba detrás de todo esto que me estaba pasando.

EL CUERPO, UN ESCAPARATE

Me di cuenta y, cuanto más investigaba mayor era mi certeza, de que en el cuerpo no se encontraba la causa de las enfermedades autoinmunes. Por tanto, ¿Qué pasaba si, efectivamente, el cuerpo físico no era el verdadero origen?

La respuesta estaba clara para mí: el origen que no es el verdadero origen es un efecto simplemente. Así que buscar en el cuerpo la causa de las enfermedades no me iba a dar la solución. Reparé en que nuestro cuerpo constituía el mundo visible a través del cual mostraba, como si de un escaparate se tratara, el mundo invisible que nos conforma.

Por suerte, me había tropezado con suficiente literatura para saber que la energía estaba detrás de todo eso que es materia. Pero ¿Qué había detrás de la energía? ¿era ella el original o habría algo más allá? Creo que esto mejor te lo cuento en el siguiente post.

Un abrazo,





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